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consumo cultural de arquitectura

¿Qué queremos decir cuando se afirma que la arquitectura ha pasado a ser un bien de consumo cultural?

Empecemos por otro lado: la arquitectura es un bien de consumo básico de una necesidad física. Nos comentan que todos necesitamos un techo, que le ser humano necesita de un entorno protector contra las acciones exteriores en el que además pueda construirse su identidad y en que se pueda desarrollar individualmente.

El espacio compartido con la comunidad también es una necesidad: lugar de encuentro e intercambios de todo tipo. Dentro de esta categoría está el espacio simbólico y ritual, ligado tradicionalmente al poder o a la religión y es el que más encajaría con una definición cultural del uso del espacio.

Volvamos: ¿Cómo consumimos la arquitectura actualmente? En principio la consumimos físicamente como usuarios regulares: Vivimos en viviendas, los niños y estudiantes van a edificios docentes, los mayores van a lugares de trabajo. Otras como consumidores esporádicos: vamos al médico (a veces con estancia en un hospital), al estadio de fútbol, al cine y teatro, salimos a cenar, vamos de compras y a veces incluso a la iglesia. En todas estas acciones consumimos (utilizamos) la arquitectura pero no nos parece que estemos realizando una acción cultural.

Cuando más conscientes somos de nuestra condición de consumidor cultural de arquitectura es como turista, cuando en un desplazamiento físico sentimos la necesidad de ver y entrar en un edificio que las guías de viaje nos han sugerido.  Esto tampoco es tan nuevo como parece: Las peregrinaciones hacia lugares santos siempre han tenido esa componente del desplazamiento para ver un entorno singular y de significado especial.

Lo nuevo es  la masificación y la rapidez del acceso, tanto hacia el producto físico (entorno) como la explosión de su información (guía). Si la visita como consumo físico de los monumentos y edificios plantea sobre todo problemas de logística y conservación, la comunicación sobre los edificios, espacios y entornos se prolifera en las imágenes de los medios impresos y digitales y abre el debate sobre la fiabilidad de su información.

Sobre todo la generación de imágenes han tenido un desarrollo exponencial, independizándose progresivamente de aquello sobre lo que pretenden informar. Lo que deberíamos tener claro es que la producción de imágenes de arquitectura se han convertido en un género de consumo cultural en sí mismo. Hace tiempo que sabemos que la fotografía de un espacio es una versión absolutamente mediatizada que a menudo no tiene mucho que ver con la realidad, pero que nos agrada contemplar por el valor de la imagen en sí misma. Cuantas guías de viajes o libros de arquitectura se han adquirido por sus bellas imágenes, no habiendo visitado jamás los lugares a los que hacen referencia.

Cuando hablamos de consumo de arquitectura como bien cultural, deberíamos diferenciar pues los siguiente: El consumo cotidiano o uso consciente del espacio diario que nos afecta (como podría ser considerar la comida como un bien cultural); el uso esporádico del espacio y de aquel para el que nos preparamos intelectualmente  como turistas; y finalmente el consumo literario sobre la arquitectura, en el que la imagen o publicación -muchas veces frívola y superficial- es el fin en si mismo y no la de la visita de los edificios y la experiencia de sus espacios

Quizá el símil entre arquitectura y comida es el más adecuado: necesitamos comer, pero no toda comida es un acto cultural conscientemente disfrutado. Consumimos mucha cultura gastronómica popular -muchas veces de dudosa calidad- pero pocos acceden a la gran cocina de élite o de autor, y se ha creado una industria mediática alrededor de la cocina –libros, programas de tv, blogs,…- como género literario sin conexión necesaria con la actividad a la que alude.

Y al igual que la cocina, más importante debería ser realizar un consumo diario consciente  (y de paso elevarlo al nivel de cultura) que consumir sucedáneos preparados y mediatizados, o únicamente reservarse la exigencia para ocasiones especiales.